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Qué fácil es para un nariñense odiar a Bolívar: respuesta a la carta que le escribieron al alcalde d

  • Shameel Thahir Silva | @ShameelThahir | #Opinión
  • 8 may 2016
  • 3 Min. de lectura

Ayer leí una carta en Las2Orillas titulada "No queremos ninguna estatua del opresor Simón Bolívar en Pasto", de Roberto José Segovia, y me encontré con algo a lo que tenía que darle respuesta prontamente. No precisamente por su calidad, más bien por su manipulación e intención de patear sin respeto lo que significa Simón Bolívar hoy en día con tal de ganar algo de visibilidad.

Quienes me conocen saben que en mis estudios de maestría en política latinoamericana reflexioné sobre el pensamiento político de Simón Bolívar, así como de su influencia en Nuestra América hoy, siempre con el afán de llenarme de argumentos, y no solo de consignas, como esa que se repite en todas las marchas –“Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina”–, siempre con la certeza de que Bolívar es un símbolo de unidad popular continental, siempre con las ganas de llenar de significados de peso esa certeza.

Que esté dando respuesta a esa carta es una nueva prueba del significado de Bolívar como símbolo hoy. Cosa que no pasa con mucha gente en la historia. Algunos solo buscan reconocimiento precisamente atacando a quienes tuvieron la capacidad de hacer avanzar la humanidad, creo que este es el caso del señor Roberto.

Primero, no estoy de acuerdo con la cita del señor Roberto de Francois de la Rochefoulcaud en donde señala: “la gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que utilizaron para alcanzarla”, pues, en términos concretos, la historia la escriben los vencedores; y la partera de la misma son hechos violentos; no precisamente los medios más éticos.

Es difícil creer que los nariñenses hoy quieran seguir siendo colonia española, cuando al final el mismo señor reivindica la autonomía política regional, que al parecer reclama cuando ataca a Bolívar. En términos políticos, hacer valoraciones morales sobre los actos de lideresas o líderes y sus pueblos, es un problema, porque asesinar siempre será malo, el lío son las razones por las que lo hacen y sobre todo las consecuencias de sus actos.

Hasta que no se instale el paraíso celestial en la tierra debemos lidiar con una humanidad violenta, que resuelve sus problemas a las malas cuando el dialogo no tiene espacio. Haciendo una salvedad, la violencia nunca debe justificarse siempre que exista otra posibilidad, sin llegar al límite cristiano de “poner la otra mejilla” porque nadie nació para ser mártir.

La historia de la campaña libertadora está llena de actos trágicos, no solo las batallas en Nariño contra las guerrillas realistas; también, por ejemplo, la orden de fusilar a 300 españoles que tenían presos y tirar sus cadáveres al río Orinoco, al no contar con las condiciones para mantenerlos y la imposibilidad de liberarlos; la recuperación de Bogotá por parte de las tropas lideradas por Bolívar ya que no aceptaban el gobierno centralista; y así, muchos de momentos que poco tienen de ejemplos la moralidad y las buenas costumbres, pero que no se pueden desligar del hecho que la consecuencia fuera la expulsión del imperio español de nuestras tierras.

El señor Roberto califica como navidad trágica el combate militar entre fuerzas realistas compuestas principalmente por comunidades indígenas de uillacingas, pastos, abades, sindaguas, ingas y kofanes, como “una masacre”, algo propio de la disputa del relato, y algo que definitivamente fue terrible en términos concretos, pero lo saca totalmente de su contexto.

Lo que hizo Bolívar en Pasto no lo hizo por ser un personaje desalmado y sin corazón, lo hizo porque tenía una responsabilidad más grande que él mismo y que cumplió, y fue expulsar a los españoles de nuestro continente. Y no lo hizo solo, su ejército estaba compuesto de gentes indias, negras, mestizas; el ejército libertador era la expresión concreta del proceso de unidad que lideró. Pero obviamente no todo fue consenso en esa unidad. Las comunidades que ocupaban lo que hoy es Nariño veían más beneficios en seguir siendo de España a ser libres, ¿será que piensan lo mismo ahora?

Ojala Nariño tenga esa capacidad de revisar su historia y dejar atrás esa deslealtad con nuestra propia independencia. Dejo el debate abierto y espero que el alcalde de Pasto no haga caso a los argumentos descontextualizados del señor Roberto.


Imagen de la película El Libertador

 
 
 

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