Ni uno más para el silencio
- Nicole Pinzón H l #Opinión
- 21 mar 2016
- 2 Min. de lectura
Se van pasando los días y de a poco los van matando. Y van quedando así, tendidos, inertes en el camino que lleva a la paz. Encima de ellos, el gobierno que les mata e invisibiliza, va construyendo… nada, es una nada tan pesada que les aplasta y al mismo tiempo nos cega, una nada que promete paz y va avanzando como una sombra negra que muy calladita deja silencio donde antes hubo gritos de indignación.
“Cuenten conmigo hasta después de semana santa”, escuché a alguien decir cuando se proponía una acción inminente ante el asedio de la muerte a las puertas de los líderes sociales del país. ¿Y acaso la indignación reclama descanso en fechas decretadas como santas por la iglesia? ¿Por una institución que se hace la ciega y sorda cuando le conviene, con representantes como el sacerdote Fernando Rodríguez quien acusó de violenta la asistencia de integrantes de Marcha Patriótica con un acto simbólico en la Iglesia de San Francisco?
Se van pasando los días y la esperanza va poniendo su cuota de asesinados, y los adelantos en la mesa de negociaciones se van empañando con el último aliento de vida de hombres y mujeres que soñaron (porque ya no soñaran mas) un país en el cual vivir y no sobrevivir.
Y los medios oficiales lo siguen callando, siguen mutilando la información, siguen promoviendo el odio, casi se ríen a carcajadas mientras permitimos que sigan siendo los oficiales, los que “informan” a los padres y madres de los jóvenes a quienes el estado asesina. Casi podríamos afirmar, a pesar de lo absurdo que pueda sonar, que somos privilegiados de tener a través de los medios alternativos y de las propias organizaciones sociales información que otros no tienen, información que da cuenta de que las fuerzas paramilitares en Colombia están más vivas que nunca y van sumando muertes para construir un país que guarde silencio.
No permitamos con temor o resignación que pase la muerte por en medio del bando de la izquierda, no demos vacaciones a nuestra indignación, que no nos tomen por locos como a Casandra cuando ya preveía el descenso de Grecia, que lo sepan todos, que nos están asesinando de a pocos, que se escriba en las paredes y se grite a los cuatro vientos, Ni uno más para el silencio.