8 DE MARZO DESDE LA MORALIDAD DE UN HOMBRE
- Cesar Suárez - Invitado- | @Cesar69906417 |
- 8 mar 2016
- 4 Min. de lectura

“Mujer linda es la que lucha y no se calla,
bella la hacen sus ideas y no sus pechos,
bonita es la que batalla tras batalla
no se cansa de pelear por sus derechos.”
Aitor Cuervo
Estamos a muy pocas horas de conmemorar un nuevo 8 de marzo, en menos de 15 horas cientos de miles de muros en el facebook tendrán publicadas imágenes, poemas, canciones, dedicatorias y demás muestras creativas, con el ánimo de hacer un “reconocimiento” al papel de la mujer en la sociedad.
Estamos también a menos de quince horas de que el comercio haga una nueva “noche buena”, ya para el momento ha de tener sus bodegas y vitrinas atestadas de mercancías para la ocasión, bombones, flores, esquelas, peluches y demás, todo lo oportuno para que el hombre manifieste su “amor” a la mejor manera en que la modernidad nos ha enseñado, CONSUMIENDO...
Las breves palabras que a continuación comparto no buscan evitar que ello suceda, pues comprendo que dichos cambios van más allá de unas cuantas palabras; tampoco estoy haciendo un llamado a dejar de compartir un chocolate con aquella mujer que sueña y construye a nuestro lado; ni mucho menos busco poner sobre la mesa de discusión reflexiones del todo novedosas, pues ríos de tinta han corrido tratando de develar el verdadero significado de la conmemoración del día de la mujer y el rol social de ésta.
Estas palabras son ante todo un llamado a romper con aquella hipocresía, doble moral y oportunismo ramplón que absorbe a los colombianos, donde nos preocupamos por reconocer el aporte individual que cada quién hace a la sociedad únicamente cuando la fecha en el calendario así lo sugiere, llámese día del niño, día de la madre, día del maestro, o en éste caso, día de la mujer.
No sobra decir que la decisión de escribir estas cortas palabras resulta de escuchar una conversación casual entre dos hombres en un bus rumbo a mi casa, en la cual estos hablaban del “regalo” que le llevarían a sus esposas el día de mañana, como mecanismo para abonar el terreno y poder salir con la “otra” el fin de semana, pues porque hace días “esa” estaba esperando su “montada bien buena”. Palabras que entre la repulsión y la rabia, logran develar una parte de nuestra cultura machista, patriarcal y misógina.
Y es que debemos ser sinceros y aceptar que para el día miércoles las palabras “de corazón” que cientos de hombres dedicarán mañana a las mujeres ya se habrán desvanecido. El reconocimiento a la mujer se volverá a archivar en el anaquel de las fechas especiales, sólo para ser desempolvado en los próximos 365 días, las palabras se quedarán como parte decorativa de un ritual simbólico, en donde los cambios terminarán siendo más bien pocos, por no decir que nulos.
Resignificar el papel de la mujer –que es una tarea urgente en nuestro país- va más allá de compartir unos bombones, un poema o una serenata, pasa porque todos los sectores sociales, en especial los que sufrimos los mayores azotes de la desigualdad, trabajemos en la progresiva ruptura de un sistema que ubica al sujeto como una mercancía, como un objeto al alcance del mejor postor, fetichizando y des-subjetivizando al ser humano.
En el caso colombiano, puede que no quememos vivas a las mujeres en las fábricas como lo ocurrido en Chicago, pero sí las quemamos en los hogares, en las escuelas, en las iglesias y en las calles. Puede que no acabemos en estricto sentido con sus vidas, pero sí mutilamos sus sueños, sus esperanzas, su dignidad y sus alegrías, que es en últimas casi lo mismo y, en ocasiones, peor.
Pero sumado a ello, este 8 de marzo en el caso colombiano tiene un valor agregado, pues las discusiones sobre la construcción de la Paz deben pasar por discutir el rol que la mujer ha asumido en el conflicto y el que debe asumir en el tejido de una vida digna, de una Colombia más bonita.
Este 8 de marzo debe significar una nueva oportunidad y un nuevo empujón para posicionar a la mujer como agente de cambio, de transformación, de esperanza. Por aquellas luchadoras que sin doblar el brazo tienen que ser madres, empleadas, doctoras, campesinas, maestras y obreras. Este es un reconocimiento por todas aquellas soñadoras invisibilizadas; por las luchas históricas de las mujeres; por aquellas que son negadas en una sociedad machista, siendo objeto de burlas y obscenidades en las calles y en los buses; por aquellas que han sido devaluadas en sus trabajos, que son presentadas como mercancías desde los grandes medios de comunicación; por aquellas mujeres que pese a estar vivas parecen estar enterradas en vida por la misma sociedad.
Para cerrar, año tras año se suele escuchar que el día de la mujer no debería ser sólo el 8 de marzo, de manera atrevida decimos que éste debería conmemorarse todos los días. Sin embargo, ello es tan sólo una frase de cajón usada para embelecar nuestros discursos, pues los cambios de fondo no se avizoran y como ya se dijo, para el fin de semana el “buen trato”, el respeto y las palabras cariñosas ya se abran ido al traste.
Aquella charla de los hombres del bus, terminan siendo constantes y realidades en nuestro país, para qué le sirve a aquella esposa que le lleven un detalle sí en su esencia le están violando su dignidad. Esas burdas y frías frases de “la otra” y “montada bien buena” terminan dando parcial aprobación a aquellos que golpean a sus esposas, al feminicidio, al uso de la mujer como botín de guerra, como objeto de placer sexual, como mercancía transable y de exhibición, en últimas, comprendiendo a la mujer como un apéndice del hombre.
No sobra decir, que ser mujer en un país como Colombia no te convierte en víctima, porque ser mujer es una construcción y en éste caso mi saludo y mi abrazo va dedicado a aquellas mujeres soñadoras, transformadoras, a aquellas que les duele en sus entrañas cualquier injusticia y que desde el amor trabajan a diario en la construcción de una Nueva Colombia.