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Donde está Camilo.


Basta una tilde para hacer del título de éste articulo una pregunta o un enunciado casi nostálgico.


Una pregunta, por la ubicación de… de Camilo, porque es irresponsable hablar de “sus restos”, porque de alguien como Camilo no quedan “restos”, quedan más bien vestigios físicos, el puro testimonio de que alguien como él realmente pasó por éste planeta, alguien para quien la lucha era larga y debía comenzarse ya.


Un enunciado nostálgico, que casi evoca una necesidad de imaginar que el lugar en que Camilo está, “si es que está, si está llegando”, es mejor que todo esto, que éste desolador panorama que no anuncia más que podredumbre, miseria y apatía.


Una pregunta, de porqué 50 años después del asesinato de Camilo, a un presidente que alardea “avances” con un proceso de paz sin garantías mientras que como en una feria de remates ofrece a nuestro país, le da por decir en Chucurí lugar en que fue asesinado Camilo, que habló con su Ministro de Defensa para que encontrase los restos de Camilo como un gesto simbólico. ¿Y por qué no unir ese geste simbólico al cese de bombardeos? ¿Por qué no ser más consecuente y ligar el encuentro de Camilo con el abandono de acciones tan cobardes como asesinar personas desde un avión?


Un enunciado nostálgico, que resume la necesidad de estar del lado en que hasta el día de su muerte estuvo Camilo, del lado que le obligo a gritar en su Proclama a los Colombianos “La lucha del pueblo se debe volver una lucha nacional”, “Hasta la muerte porque estamos decididos a ir hasta el final”.


Una pregunta, respecto a porqué muchos homenajean al general Valencia Tovar como un gran estratega apasionado por la escritura, y no como quien no solo se debe culpar por el asesinato de Camilo, sino por atribuirse la autoridad de esconder a los ojos de los colombianos y del mundo, el cuerpo del Cura Guerrillero, escondiendo a su vez la memoria y grandeza de quién fue su amigo, desde el día en que Calixto Torres Umaña, padre de Camilo, le salvó de la fiebre Tifoidea a Valencia Tovar cuando era niño.


Un enunciado nostálgico, en el que Camilo sigue predicando la revolución y empuñando sus ideas con más fuerza que nunca.


Porque Camilo no fue solo un cura y no fue solo un guerrillero, fue un ideólogo, fue un hombre que promovió la movilización, un opositor del Frente Nacional, un pionero de la sociología urbana, el creador del Frente Unido del Pueblo, un miembro del comité técnico de la reforma agraria fundado por el INCORA, Camilo Torres Restrepo fue todo lo que hizo, lo que sigue siendo, y lo que la historia se debe encargar de eternizar.


Que el olvido, los medios, el Estado y la apatía no nublen aún más la memoria de Camilo, como ya lo han hecho con tantos otros, que quién fue y lo que quiso hacer Camilo Torres nos sirva para aumentar la indignación, y que de una vez por todas promueva en nosotros la necesidad de evadir la mala costumbre de dar la espalda y echarse a un lado.


A Camilo Torres, con su figura alta con sotana o con fusil.

“Camilo Torres muere para vivir.”

 

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